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viernes, 3 de abril de 2009

Relato de un relato

Imagen obtenida de: sandwords.blogspot.com
Un cielo azul... tan oscuro que tengo que entornar los ojos para ver la lejanía. Él saca su pipa y me mira concentrado. ¿Qué haces? pregunta. 
Me río. 
-Leo... ¡ésto! ¿Te gusta?... 
-¿Qué es?... 
-¿Un libro?
- Ajá... y, ¿qué dice dentro?
Me encojo de hombros... 
- Déjame ver...
Entonces exhala el humo que chupó y baja la vista... me mira de reojo...
- Pequeño... un día vas a leer todo.

Hace tiempo que vivimos acá. En una pequeña carpa. No es mi padre, pero es igual que si lo fuera. No está siempre conmigo, pero parece que así fuera... Le digo Car. no sé bien como se llama. Y mis amigos dicen que así se dice auto en inglés. En cambio, mi madre... ella si está conmigo, siempre... 
-Jo...
-¿Qué madre?
- Ven... tengo que mostrarte algo...
Me voy hacia el fondo de la carpa. Hacia atrás se despliega el desierto. Inmenso. Mi madre ha tendido una soga de ropa lavada. Tiene el fuentón en sus manos y me mira sonriendo. Estira un brazo y dice...
- ¿Viste las estrellas?
Abro la boca... cada vez más grande. Mis ojos brillan y no puedo hablar. 
Mi madre se acerca me rodea con el brazo los hombros. Con el otro sostiene el fuentón contra su flaca figura. 
- ¿Escuchas la música?
No sé de qué música me habla...
-¿Cuál?
- Escucha Joel... ¿Escuchas?
Cierro los ojos... las estrellas no caben en ellos. Nos quedamos en silencio tomados de la mano. Parece que una carabana no muy lejana está cantando un mantra.
- Puedo escucharla - digo sin abrir los ojos.
- Así es el desierto cariño... está desierto... pero si te pones a escuchar todos los sonidos del mundo llegan. Nunca estarás solo si sabes cerrar los ojos para ver... y callas para escuchar...
Me apego contra su vestido. Mi libro quedó olvidado. Está encima de la estufa casera que construyó Car...
Él me llama. Mi madre me hace señas. Entro de nuevo a la carpa y salgo por la parte delantera.
- ¿Qué ocurre Car?
- Mira Joel... ¿Ves esta parte del libro? 
Lo tomo y le digo, 
-¿qué tiene?
-¿La primera línea qué dice? 
Me siento a su lado cruzado de piernas. Me río cuando sacude mi cabeza y me da una palmada en las mejillas.
- Bueno... - dice mientras se recuesta sobre un almohadón y estira sus brazos para colocarlos tras su cabeza - quiero saber qué ha pasado con esa historia que empezaste a leerme anoche...
- ¿Estás preparado para dormir? - le digo con picardía mientras entono mis primeros vocablos leyendo la lengua que habla mi familia -"Un cielo azul... tan oscuro que tengo que entornar los ojos para ver la lejanía...Él saca su pipa y me mira concentrado. ¿Qué haces? pregunta...

lunes, 10 de noviembre de 2008

Boceto de posibilidad



La calle. Sola. Solos los autos, las bicicletas... hojas amarillas, anaranjadas y rojas, todas pintando las veredas. Nadie.
La esquina, la puerta, esa, justo esa...
Sales, buscas una revista que te han dejado en la entrada. Miras a uno y otro lado, y no te puedo ver bien, y no me puedes ver bien. Me río. Bajo la vista y continúo dibujando. Entras.
Imagino que trabajarás todo el día, hasta que caiga el sol. Y yo dibujaré todo el día, hasta que suba la luna, porque es tranquilo el sitio, porque es lindo el parque.
Entonces, una hora más tarde, sales otra vez. Con un tapado azul. Con una gorra, la bufanda tirada hacia atrás. Y tu pelo baila cuando vas caminando apurado. Y yo, un poco más abrigada, junto mis papeles, mis pinturas, mi paleta, mis pinceles... los guardo en ese carrito que inventaste que es tan práctico. Sonrío, miro el sendero regado de hojas y pienso en cómo saludarte. Es posible, si te saludo de un modo particular, que recuerdes que te saludé así muchos años atrás. Llevo el pelo diferente, la sonrisa diferente, la profesión que tengo es distinta, pero te miro y pienso. Te detienes y sacas unos guantes de los bolsillos del azulado abrigo, te los pones. Soplas entre tus manos, ahora abrigadas también. Estás esperándome. Me sonrío y cruzo la calle.
- Hola, ¿qué tal?
- ¿Muy bien? ¿Usted?
- Estupenda...
- ¿Caminamos?
Asiento...
- mjm...
Caminamos dos cuadras, cruzamos varias calles con restos de sol. Ya casi al llegar al extremo de la ciudad, te detienes. Sacas una cámara de fotos de esos bolsillos donde parece caber todo.
Me hablas y cualquiera pensaría que recién nos conocemos.
- Sacamos una foto ¿de acuerdo?
- De acuerdo... - y me río.
Es mejor así, fingir, porque lo hace más divertido, y eres más ocurrente. Pero me empujas y cualquiera notaría que nos conocemos de hace años. Es mejor así... porque esa tarde se pasa y volvemos a conocernos cada día.
Dibujo de día en aquel banco rostros infantiles... rostros viejos... rostros... y otras cosas también.
Vos en la casa hacés cálculos, planos y proyectos para cuando puedas dejar de sumar y restar...
Y al final del día, dejo mis cosas en el pórtico y salimos a estrenar esa vieja costumbre que tenemos, de salir a caminar sin horario... Compramos algo por ahí y cenamos. Charlamos de lo que éramos y de lo que vamos a ser.
Volvemos, abrís la puerta, entro mis cuadros... Te asomas, mirás el cielo, cerrás la puerta y nos vamos a dormir.
Y así es siempre. Yo pinto, vos calculás... Yo imagino vos construís. Yo sueño y vos esperás.
Cruzo la calle...
-¿Buenas tardes señor?
-¿Cómo le va?
y nos vamos a caminar...