Ayer se llenó de niños... y todos creyeron que todo sería siempre igual. Pero sabía que no. Ya no era igual. Ya no era como antes. De todos modos la piedra calla y guarda sus secretos. Los guarda para después... sin embargo la cámara le roba algunas palabras... porque un patio vacío no puede callar la soledad cuando lo miran.
El sol pintó de dorados rasgos ese piso inmenso... esas líneas curvas donde juegan los deditos de los más chiquitos... los "chiquititos"... y casi casi los deja dibujar una rayuela, para convencerse de que tocar el cielo no es tan increíble como dicen los grandes.
Yo los miro, cada tanto me siento con mi cámara ahí y sueño con recopilar instantes... quizás en las noches sean consuelo, y un mediodía les secretee a las piedras la verdad. Quizás tenga un día que sacar mi plato al sol, y en un verano eterno contarte que el patio se llenó de gritos... que almorzaremos de allí en adelante siempre afuera... aunque haya que entrar cada tanto para no faltar el respeto a la mesa de familia.
Y así se van del patio esas sombras lánguidas... y quedan sólo los vestigios de las risas... la de la bajita cuando jugó a saltar la cuerda... y la del más pequeño cuando lo alzaron para treparlo al borde y darle un tazón de leche... y así se van las sombras cada vez que miro el patio lleno y lo veo vacío...
