lunes, 23 de marzo de 2009

1 sol, 2 cometas.... 3 canciones...


Te lo pregunté tantas pero tantas veces.... 
que ya me da vergüenza volver a preguntarlo;
¿por qué revuelves con esa cuchara tanto?,
¿por qué no dejas tranquilo el café y me miras un poco?,
¿por qué no callas...?

Quiero decirte unas cosas.
Quiero contarte todo.
Quiero explicarte poco a poco...
Cómo me puse de este modo...
Siéntate... Pruébalo... está amargo,
no lo tomes frío.

Estuve pensando,
me detuve a hacerlo, porque hacía falta.
Ya conté los días, tengo escrito el calendario en la mano,
llevo en la panza ese cosquilleo intenso de la ansiedad.
Me dejé largo, largo... largo el cabello.
Si tuviera mi lápiz como siempre en mis dedos,
supongo que escribiría absolutamente todo el plan.

Mira, es el siguiente:
caminar sin tener tiempo,
reirme de todo lo que causa risa...
preocuparme de aquellas cosas que nadie se ocupa...
ocuparme de esos ojos que no dejan de mirarme,
y por último escribir en tu puerta un nuevo número.

Quiero que tengas mi teléfono bien anotado.
Por favor no pierdas este obsequio que te hago.
Tienes que cerrar los ojos un tiempo largo,
bueno... así... no tanto.
¿Ves lo que dejo en tus manos?
Es un pequeño trozo de papel... y una foto vieja.
Te ríes... tu sonrisa se cuela por los costados...
¡No los abras!
En ese papel está escrita la otra parte del plan.
Y en esa foto está la respuesta a todo lo que no te quise contar.
Voy a salir corriendo de este café. 
Y voy a esperar que salgas. 

Contaré hasta 10 y ya estaré en la esquina...
este es ritmo... 
1 sol
2 cometas
3 canciones
4 colores
5 pasiones...
y sigo contando...
6 escaleras...
7... siete...

Te quedaste ahí. Quieto. Demasiado quieto mirando.
Al abrir los ojos, tu rostro quedó callado.
por la ventana puedo ver bailar una respuesta en tus piernas.
Pero no veo bien.
Te gustó... ¿te gustó?,
moriré aquí afuera si no sales. 
¿Qué tenés en el bolsillo que buscás nervioso?
Con el papel no hiciste nada. Lo dejaste a un lado.
Sacaste una lapicera... y otra cosa.
Estás escribiendo. Te levantás... corriendo pagás la cuenta...
¡El mozo quiere darte el vuelto!

Aquí estás. Quiero reírme de tu facha pero no puedo.
Ok. Ok. Ok...
¡Dale mostrame!
En el papel ahora dice: viernes 27.
Y la otra cosa es otra foto. 
Una foto nuestra. 
Sólo me mirás y vas acercándote...
estoy por correr, pareciera que fueras a besarme... 
Pero tu cara inocente me pregunta:
¿Puedes recortarnos y pegarnos en esta otra?


Boceto de madre


Han pasado muchos meses... y parece que no siguieran pasando...
la vida corre a dos mil por hora... el mundo ha girado, ha cambiado su rumbo.
Me detuve en la esquina,  esa soleada, de la vuelta de casa. Con paredes rosas... con colores salmón. La vereda se me abrió delante y me llevó hasta el otro lado. Allá me miraba. Parecía de tres años. Con piernas cortas, cabellos revueltos. Se puso la mano de visera y me preguntó si tenía otra cosa...

Me paralicé. No podía cruzar. No había tráfico. Pero sabía que si lo hacía no volvería nunca más a casa. 

Pienso. Siento. El aire corriendo entre mis brazos. La sangre corriendo por mis venas. La sonrisa radiante corriendo bajo esas manitos de visera... 

Hay cosas que no hay que hacer... y así mismo las hacemos. Corrí en frente y la abracé. Le conté que era hija mía. Le besé ambas mejillas. Le até trenzas en el pelo... Y desde ese instante supe, que cualquier instante hace tiempo nos dejó solas... pero a partir de allí... ninguna... podría seguir caminando si no era de la mano de la otra.

Me habían dicho que era así. Que estaba crecida. Lo que no me habían dicho... era que no podría volver atrás. Me prohibieron tenerla a mi lado. Pero no podían evitar que la encontrara.

No sabía qué era yo. Pero evidentemente entendió rápidamente que no le haría daño.

Me preguntó cómo me llamaba... y le dije que con el tiempo olvidaría mi nombre.

viernes, 20 de febrero de 2009

Lo que suena cursi... pero es cierto!


Nadie lo entiende... Siempre es así, siempre estoy enamorada. Nunca dejé de estarlo. 
Bueno, a lo mejor exagero... tuve que nacer y vivir un rato para empezar a enamorarme...
Tuve que mirar afuera y ahí empezó todo.
La gente cree que cuando va por la ciudad, y cruza la avenida sabe perfectamente qué es estar enamorado... pero no saben. 
Yo sé que no saben.
Todos piensan que cuando las miradas se cruzan y la sonrisa se comparte, o cuando van de la mano, y sus manos bailan, o cuando los pasos se van acompañando... o cuando el pelo se acomoda sin que tengan que dejar las valijas... todos ellos creen que saben cómo es.
Pero no.
Hay emociones y hay sentimientos... enamorarse es como emocionarse... llega... y se va... pero cuando amas algo, ahí si eso no se va nunca... 
Enamorarse es como llevar un globito rojo de helio, pendiente de un hilo, caminás con la sonrisa radiante, porque llevas eso... pero si lo soltás vuela y se va... se aleja tanto que casi olvidaste la sensación de llevarlo en tu mano.
Pero amar... eso es que la vida te lleve por donde sea, y siempre sepas que hay alguien esperando. Esperando que vuelvas, esperando que sigas, esperando que rías, esperando que quieras. 
Y eso no te emociona, ¡se siente!.

Entonces... muchos se enojarán conmigo... pero no... no pienso que enamorarse por ser pasajero sea un hecho menor...

Me enamoro cuando abro la ventana y el cielo no es del mismo color que ayer a la mañana... cuando vuelvo a la tarde y las sierras están con ese halo gris... cuando la noche invade tanto el campo que no hay lugar en tus ojos para mirar tantas estrellas... cuando las manitos de ellos se juntan para contarse un secreto y jugar... cuando el juega como si tuvieran la misma edad.... cuando ella separa del plato un poco, porque eso que no le gusta a la otra le gusta tanto... cuando el viejo dobla el periódico y le dice al nieto que vea lo que encontró... me enamoro tanto... cuando no te sale pronunciar la "T".

Es inevitable... si los pedales giran por donde me lleven me encanto del ambiente que me rodea...
Tal vez eso está haciendo falta... saber que puedes amar tanto que todo parezca que está solucionado... pero sino te enamorás a cada rato... la vida pierde sentido.

Sino encontrás cada noche un color distinto a la luz que te llega, o no ves que él se está sonriendo en la sombra... si no sos capaz de descubrir que ese "no" es un "sí", hay una capacidad que está faltando en vos.

Podés perder la vista, el oído, el gusto o el tacto... pero nunca podés perder esto. Si lo tenés, lo otro no se nota... pero si se nota es porque estás perdiendo la vida...

A esas hormigas nadie las ve pero ellas van y vienen, como las emociones... y en su mundo... eso es lo importante...

Asi es el amor... algo q te importa a vos y a alguien más... y a nadie más le importa tanto como a ustedes dos...


martes, 10 de febrero de 2009

Para cuando me olvide, que alguien me lo recuerde

Días de verano.
Pileta, sol y césped... verde...
Aveces tengo que mirar por la ventana para saber que todavía es de día...
Hace días que el viaje se ha transformado en un mero recuerdo... porque la vida viene ajetreada y parece que todo va a cambiar.
La propuesta está hecha... el maletín listo, el uniforme colgado.
Quizás pasen muchos días hasta que logre recolectar todos esos papeles.
Tendré en el escritorio una colección de sonrisas... y llevaré en el alma los momentos que guardé hace tiempo.
Si un día los días que pasaron han sido muchos, te pido que hagas sonar el teléfono, para que yo salga. Simplemente quiero darte un abrazo y desearte suerte. Si me quedo esperando en la vereda.. sólo será un rato... pero el tiempo pasa rápido, y probablemente ... probablemente... voy a callarme esa idea que encontré. Pero va a gustarte, estoy muy segura que buscarás los paraguas para salir a volar por las calles y reírte conmigo de cómo cae la lluvia y el suelo se vuelve espejo. También sé que arreglaré mi rutina, de manera que queden horas libres para dibujarnos. Y es factible que me cueste cargar el maletín y subir al auto, pero como existe ese secreto, la vida será más llevadera.
Que me enseñen a disfrutar con lentitud el tiempo que haya libre, y con prontitud arreglar lo que llegue... 
Que me enseñen a portarme seria si no hay nada que en esa mesa cause risa.
Que me enseñen a escribir muy rápido y cruzar los brazos de manera inquieta...
Pero nunca aprenderé a olvidar que lo que se aprende con los más bajitos, es huella perenne dentro nuestro. 
Pueden enseñarme variedad de cosas, pero nunca pretender que sea otra.
Se aprende a fingir intriga... pero no se aprende a disimular el miedo, ni la tristeza, ni lo que duele... ni lo que fatiga. 
Esas cosas se dibujan en el rostro... 
Mientras no hurten mi lápiz rojo del cajón... Estaré con vida.

lunes, 29 de diciembre de 2008

No sé, qué pensás

Si te miro a través de la mesa... 
me estás mirando.
Y me río, y te reís.
Sé que entendés...
no sé, qué pensás.

Suena el teléfono 
lo atiendo rápido...
me río de lo que todos hablan... 
y es cómico cómo pasás de lo que allá sos,
a lo que sos en tu casa...

Me acompañás... 
decís algo gracioso...
y casi me olvido de todo 
lo que tenía en mi cabeza 
cuando llegué...

Te saludo y te reto...
quería que me contaras...
Ya habrá otras veces,
otras charlas...
ya me dirás cómo lo decís vos...
y yo te diré cómo lo digo yo.

Entonces recordaré 
todo 
lo que traía conmigo unas horas antes,
lo que llevo conmigo hasta no sé cuándo...

y te contaré en secreto,
que quiero transformar 
un problema en solución...
y es muy probable 
que me digas la verdad...
que la gente que se quiere se quiere...


lunes, 1 de diciembre de 2008

Cuénteme...



Cuénteme de Usted... sí... no mire para otro lado, usted... el de los ojos grandes... el que se está encogiendo... vamos! Cuénteme de Usted... Cuénteme dónde va cuando no sabe dónde ir... ¿En qué piensa cuando  no sabe en qué pensar? ¿Qué pide de cenar cuando no puede cenar conmigo...?
¡Vamos! Cuénteme que no tengo mucho tiempo, y el poco tiempo que queda quiero pasarlo así: escuchándolo.
Cuénteme qué voy a hacer de mi vida en los próximos dos años... ¡Cuénteme!...
¿No puede saberlo? Yo creía que sí, porque usted es de los que llevan las cartas que me jugué en la última partida, bien acomodadas en el bolsillo del piloto.
Abríguese, saldremos ya... ¡Sí! nieva... ¿Y qué? Vamos a mojarnos con ese aguanieve antes que se acabe... vamos a mirar los vidrios empañados... vamos a resolver este problema que tengo desde hace rato... Algo muy particular.... algo que me acompaña aunque ahora usted no salga a mojarse con ese aguanieve ya, y me pida que me quede un rato más... 
No me mire así... ¡Sonría!... ya sé... sí... ya sé... venga, acérquese... ¿se queda un rato más?
¿Entonces después saldrá? Está bien... ¡qué sean dos!.  

lunes, 10 de noviembre de 2008

Boceto de posibilidad



La calle. Sola. Solos los autos, las bicicletas... hojas amarillas, anaranjadas y rojas, todas pintando las veredas. Nadie.
La esquina, la puerta, esa, justo esa...
Sales, buscas una revista que te han dejado en la entrada. Miras a uno y otro lado, y no te puedo ver bien, y no me puedes ver bien. Me río. Bajo la vista y continúo dibujando. Entras.
Imagino que trabajarás todo el día, hasta que caiga el sol. Y yo dibujaré todo el día, hasta que suba la luna, porque es tranquilo el sitio, porque es lindo el parque.
Entonces, una hora más tarde, sales otra vez. Con un tapado azul. Con una gorra, la bufanda tirada hacia atrás. Y tu pelo baila cuando vas caminando apurado. Y yo, un poco más abrigada, junto mis papeles, mis pinturas, mi paleta, mis pinceles... los guardo en ese carrito que inventaste que es tan práctico. Sonrío, miro el sendero regado de hojas y pienso en cómo saludarte. Es posible, si te saludo de un modo particular, que recuerdes que te saludé así muchos años atrás. Llevo el pelo diferente, la sonrisa diferente, la profesión que tengo es distinta, pero te miro y pienso. Te detienes y sacas unos guantes de los bolsillos del azulado abrigo, te los pones. Soplas entre tus manos, ahora abrigadas también. Estás esperándome. Me sonrío y cruzo la calle.
- Hola, ¿qué tal?
- ¿Muy bien? ¿Usted?
- Estupenda...
- ¿Caminamos?
Asiento...
- mjm...
Caminamos dos cuadras, cruzamos varias calles con restos de sol. Ya casi al llegar al extremo de la ciudad, te detienes. Sacas una cámara de fotos de esos bolsillos donde parece caber todo.
Me hablas y cualquiera pensaría que recién nos conocemos.
- Sacamos una foto ¿de acuerdo?
- De acuerdo... - y me río.
Es mejor así, fingir, porque lo hace más divertido, y eres más ocurrente. Pero me empujas y cualquiera notaría que nos conocemos de hace años. Es mejor así... porque esa tarde se pasa y volvemos a conocernos cada día.
Dibujo de día en aquel banco rostros infantiles... rostros viejos... rostros... y otras cosas también.
Vos en la casa hacés cálculos, planos y proyectos para cuando puedas dejar de sumar y restar...
Y al final del día, dejo mis cosas en el pórtico y salimos a estrenar esa vieja costumbre que tenemos, de salir a caminar sin horario... Compramos algo por ahí y cenamos. Charlamos de lo que éramos y de lo que vamos a ser.
Volvemos, abrís la puerta, entro mis cuadros... Te asomas, mirás el cielo, cerrás la puerta y nos vamos a dormir.
Y así es siempre. Yo pinto, vos calculás... Yo imagino vos construís. Yo sueño y vos esperás.
Cruzo la calle...
-¿Buenas tardes señor?
-¿Cómo le va?
y nos vamos a caminar...