viernes, 20 de febrero de 2009

Lo que suena cursi... pero es cierto!


Nadie lo entiende... Siempre es así, siempre estoy enamorada. Nunca dejé de estarlo. 
Bueno, a lo mejor exagero... tuve que nacer y vivir un rato para empezar a enamorarme...
Tuve que mirar afuera y ahí empezó todo.
La gente cree que cuando va por la ciudad, y cruza la avenida sabe perfectamente qué es estar enamorado... pero no saben. 
Yo sé que no saben.
Todos piensan que cuando las miradas se cruzan y la sonrisa se comparte, o cuando van de la mano, y sus manos bailan, o cuando los pasos se van acompañando... o cuando el pelo se acomoda sin que tengan que dejar las valijas... todos ellos creen que saben cómo es.
Pero no.
Hay emociones y hay sentimientos... enamorarse es como emocionarse... llega... y se va... pero cuando amas algo, ahí si eso no se va nunca... 
Enamorarse es como llevar un globito rojo de helio, pendiente de un hilo, caminás con la sonrisa radiante, porque llevas eso... pero si lo soltás vuela y se va... se aleja tanto que casi olvidaste la sensación de llevarlo en tu mano.
Pero amar... eso es que la vida te lleve por donde sea, y siempre sepas que hay alguien esperando. Esperando que vuelvas, esperando que sigas, esperando que rías, esperando que quieras. 
Y eso no te emociona, ¡se siente!.

Entonces... muchos se enojarán conmigo... pero no... no pienso que enamorarse por ser pasajero sea un hecho menor...

Me enamoro cuando abro la ventana y el cielo no es del mismo color que ayer a la mañana... cuando vuelvo a la tarde y las sierras están con ese halo gris... cuando la noche invade tanto el campo que no hay lugar en tus ojos para mirar tantas estrellas... cuando las manitos de ellos se juntan para contarse un secreto y jugar... cuando el juega como si tuvieran la misma edad.... cuando ella separa del plato un poco, porque eso que no le gusta a la otra le gusta tanto... cuando el viejo dobla el periódico y le dice al nieto que vea lo que encontró... me enamoro tanto... cuando no te sale pronunciar la "T".

Es inevitable... si los pedales giran por donde me lleven me encanto del ambiente que me rodea...
Tal vez eso está haciendo falta... saber que puedes amar tanto que todo parezca que está solucionado... pero sino te enamorás a cada rato... la vida pierde sentido.

Sino encontrás cada noche un color distinto a la luz que te llega, o no ves que él se está sonriendo en la sombra... si no sos capaz de descubrir que ese "no" es un "sí", hay una capacidad que está faltando en vos.

Podés perder la vista, el oído, el gusto o el tacto... pero nunca podés perder esto. Si lo tenés, lo otro no se nota... pero si se nota es porque estás perdiendo la vida...

A esas hormigas nadie las ve pero ellas van y vienen, como las emociones... y en su mundo... eso es lo importante...

Asi es el amor... algo q te importa a vos y a alguien más... y a nadie más le importa tanto como a ustedes dos...


martes, 10 de febrero de 2009

Para cuando me olvide, que alguien me lo recuerde

Días de verano.
Pileta, sol y césped... verde...
Aveces tengo que mirar por la ventana para saber que todavía es de día...
Hace días que el viaje se ha transformado en un mero recuerdo... porque la vida viene ajetreada y parece que todo va a cambiar.
La propuesta está hecha... el maletín listo, el uniforme colgado.
Quizás pasen muchos días hasta que logre recolectar todos esos papeles.
Tendré en el escritorio una colección de sonrisas... y llevaré en el alma los momentos que guardé hace tiempo.
Si un día los días que pasaron han sido muchos, te pido que hagas sonar el teléfono, para que yo salga. Simplemente quiero darte un abrazo y desearte suerte. Si me quedo esperando en la vereda.. sólo será un rato... pero el tiempo pasa rápido, y probablemente ... probablemente... voy a callarme esa idea que encontré. Pero va a gustarte, estoy muy segura que buscarás los paraguas para salir a volar por las calles y reírte conmigo de cómo cae la lluvia y el suelo se vuelve espejo. También sé que arreglaré mi rutina, de manera que queden horas libres para dibujarnos. Y es factible que me cueste cargar el maletín y subir al auto, pero como existe ese secreto, la vida será más llevadera.
Que me enseñen a disfrutar con lentitud el tiempo que haya libre, y con prontitud arreglar lo que llegue... 
Que me enseñen a portarme seria si no hay nada que en esa mesa cause risa.
Que me enseñen a escribir muy rápido y cruzar los brazos de manera inquieta...
Pero nunca aprenderé a olvidar que lo que se aprende con los más bajitos, es huella perenne dentro nuestro. 
Pueden enseñarme variedad de cosas, pero nunca pretender que sea otra.
Se aprende a fingir intriga... pero no se aprende a disimular el miedo, ni la tristeza, ni lo que duele... ni lo que fatiga. 
Esas cosas se dibujan en el rostro... 
Mientras no hurten mi lápiz rojo del cajón... Estaré con vida.

lunes, 29 de diciembre de 2008

No sé, qué pensás

Si te miro a través de la mesa... 
me estás mirando.
Y me río, y te reís.
Sé que entendés...
no sé, qué pensás.

Suena el teléfono 
lo atiendo rápido...
me río de lo que todos hablan... 
y es cómico cómo pasás de lo que allá sos,
a lo que sos en tu casa...

Me acompañás... 
decís algo gracioso...
y casi me olvido de todo 
lo que tenía en mi cabeza 
cuando llegué...

Te saludo y te reto...
quería que me contaras...
Ya habrá otras veces,
otras charlas...
ya me dirás cómo lo decís vos...
y yo te diré cómo lo digo yo.

Entonces recordaré 
todo 
lo que traía conmigo unas horas antes,
lo que llevo conmigo hasta no sé cuándo...

y te contaré en secreto,
que quiero transformar 
un problema en solución...
y es muy probable 
que me digas la verdad...
que la gente que se quiere se quiere...


lunes, 1 de diciembre de 2008

Cuénteme...



Cuénteme de Usted... sí... no mire para otro lado, usted... el de los ojos grandes... el que se está encogiendo... vamos! Cuénteme de Usted... Cuénteme dónde va cuando no sabe dónde ir... ¿En qué piensa cuando  no sabe en qué pensar? ¿Qué pide de cenar cuando no puede cenar conmigo...?
¡Vamos! Cuénteme que no tengo mucho tiempo, y el poco tiempo que queda quiero pasarlo así: escuchándolo.
Cuénteme qué voy a hacer de mi vida en los próximos dos años... ¡Cuénteme!...
¿No puede saberlo? Yo creía que sí, porque usted es de los que llevan las cartas que me jugué en la última partida, bien acomodadas en el bolsillo del piloto.
Abríguese, saldremos ya... ¡Sí! nieva... ¿Y qué? Vamos a mojarnos con ese aguanieve antes que se acabe... vamos a mirar los vidrios empañados... vamos a resolver este problema que tengo desde hace rato... Algo muy particular.... algo que me acompaña aunque ahora usted no salga a mojarse con ese aguanieve ya, y me pida que me quede un rato más... 
No me mire así... ¡Sonría!... ya sé... sí... ya sé... venga, acérquese... ¿se queda un rato más?
¿Entonces después saldrá? Está bien... ¡qué sean dos!.  

lunes, 10 de noviembre de 2008

Boceto de posibilidad



La calle. Sola. Solos los autos, las bicicletas... hojas amarillas, anaranjadas y rojas, todas pintando las veredas. Nadie.
La esquina, la puerta, esa, justo esa...
Sales, buscas una revista que te han dejado en la entrada. Miras a uno y otro lado, y no te puedo ver bien, y no me puedes ver bien. Me río. Bajo la vista y continúo dibujando. Entras.
Imagino que trabajarás todo el día, hasta que caiga el sol. Y yo dibujaré todo el día, hasta que suba la luna, porque es tranquilo el sitio, porque es lindo el parque.
Entonces, una hora más tarde, sales otra vez. Con un tapado azul. Con una gorra, la bufanda tirada hacia atrás. Y tu pelo baila cuando vas caminando apurado. Y yo, un poco más abrigada, junto mis papeles, mis pinturas, mi paleta, mis pinceles... los guardo en ese carrito que inventaste que es tan práctico. Sonrío, miro el sendero regado de hojas y pienso en cómo saludarte. Es posible, si te saludo de un modo particular, que recuerdes que te saludé así muchos años atrás. Llevo el pelo diferente, la sonrisa diferente, la profesión que tengo es distinta, pero te miro y pienso. Te detienes y sacas unos guantes de los bolsillos del azulado abrigo, te los pones. Soplas entre tus manos, ahora abrigadas también. Estás esperándome. Me sonrío y cruzo la calle.
- Hola, ¿qué tal?
- ¿Muy bien? ¿Usted?
- Estupenda...
- ¿Caminamos?
Asiento...
- mjm...
Caminamos dos cuadras, cruzamos varias calles con restos de sol. Ya casi al llegar al extremo de la ciudad, te detienes. Sacas una cámara de fotos de esos bolsillos donde parece caber todo.
Me hablas y cualquiera pensaría que recién nos conocemos.
- Sacamos una foto ¿de acuerdo?
- De acuerdo... - y me río.
Es mejor así, fingir, porque lo hace más divertido, y eres más ocurrente. Pero me empujas y cualquiera notaría que nos conocemos de hace años. Es mejor así... porque esa tarde se pasa y volvemos a conocernos cada día.
Dibujo de día en aquel banco rostros infantiles... rostros viejos... rostros... y otras cosas también.
Vos en la casa hacés cálculos, planos y proyectos para cuando puedas dejar de sumar y restar...
Y al final del día, dejo mis cosas en el pórtico y salimos a estrenar esa vieja costumbre que tenemos, de salir a caminar sin horario... Compramos algo por ahí y cenamos. Charlamos de lo que éramos y de lo que vamos a ser.
Volvemos, abrís la puerta, entro mis cuadros... Te asomas, mirás el cielo, cerrás la puerta y nos vamos a dormir.
Y así es siempre. Yo pinto, vos calculás... Yo imagino vos construís. Yo sueño y vos esperás.
Cruzo la calle...
-¿Buenas tardes señor?
-¿Cómo le va?
y nos vamos a caminar...

viernes, 24 de octubre de 2008

Puentes

...para arremangarse, mojarse los pies y hablar con las manos...
Ella caminando llegó al sitio. Se sentó. Pensó en el helado que habían acordado. Prefirió esperar.
La vereda estaba desolada. En frente la fábrica de mermeladas abandonada. Paredones inmensos se alzaban en contraluz. Aerosoles y pinceles habían coloreado los revoques rasgados. Y al costado un pequeño puente de barandas verdes ayudaba a remontar el agua. Un pequeño arroyo rodeaba una especie de "isla". Allá estaba la casa. Allá todo comenzaba cada vez que uno cruzaba la puerta. Al pasar el puente inmensas casas anticuadas y hechizantes, desvestían sus galerías al sol del ocaso.
Miró el reloj, ya era hora. Podría pasarse horas allí, pero probablemente lo que esperaba era inconcebible, y no debían espera más. Cuando estaba por levantarse escuchó el sonido del viaje que lo traía casi a tiempo.
-¿Vamos? - Preguntó.
Ella asintió con un movimiento de cabeza, le temblaba el mentón... pero en silencio cruzaron el puente. Sabían que podía pasar mucho tiempo hasta la próxima vez... y por eso era difícil.
Entraron, como siempre, girando el picaporte y haciendo fuerza. Pero la fuerza que tomaron fue más que la que habían tomado todos esos meses dejados atrás. Ella entró cautelosa, mientras buscaba en el bolso el delantal. Él acomodó sus cosas y buscó lo necesario. Tenían que dar la noticia. Aunque todo era cotidiano, aunque las farolas alumbraban el salón con la energía amarilla de siempre, aunque la cena estaba servida, ambos sabían que después de esa noche la historia cambiaba.
Tenían un cierto temor, pero después de decirlo, todo sería más sencillo.
Él le tomó la mano y la llevó con las señoras. Se alejaron por un pasillo. Gritos de alegría lo recibieron. Al rato un llanto silencioso comenzó a escucharse. Pero una voz entrecortada denotaba alegría. Rieron. Callaron. Él dijo que sí y la tomó a ella en brazos haciéndola girar junto a su cuerpo. Las señoras sonrieron. Una secó sus lágrimas y la invitó a hacer las últimas tareas. La otra pidió permiso y fue a lavar los platos. Él se dió la vuelta y caminó para empezar a hacer lo que sabía hacer y jamás olvidaría, tomó una bolsa y les guiñó un ojo a las tres.
Se quedaron a comer. El horno estaba prendido desde temprano porque era día de reunión. Después de la cena, alzaron sus cosas, besaron mejillas, dieron abrazos, y al cerrar la puerta... ella lloró. Entonces él la abrazó, y le pidió que estuviera tranquila, porque cruzarían mil puentes más hacia miles de casas diferentes, pero un día volverían, a la hora de la cena y la comida estaría servida... y ambos sabían perfectamente cómo volver a formar parte del lugar.
Enderezaron sus cuerpos y caminaron bajo la luz de la luna. La tarde había sido larga, la sobremesa mucho más. La luz del callejón era ténue. Se miraron, se entendieron sin hablar siquiera, como siempre. Y una música se escuchó lejana... Allá iban... ella con la sonrisa mojada y el alma llena de algo que no sabía explicar. Él con una sensación extraña... pero seguro de que todo saldría perfecto. Seguro de que siempre sabrían cómo seguir.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Boceto para encontrar minutos perdidos...

En el límite. La espera. Esa espera infinita... esa espera que no es otra cosa que una simple idea que queremos alcanzar...

Ellos le dieron el trabajo, pero le aclararon que debería esperar... sólo unos minutos para darse cuenta de que no era lo que buscaba.

Se sentó, se puso de pie... volvió a sentarse. Seguirá esperando. Toda la vida si es necesario.

Sólo tendrá que cruzarse de brazos, tocar de vez en cuando en la ventana del frente para pedir pan y agua.

Pero... nació para esperar...

Pobre... nadie le dijo que la espera en la quietud... es igual que nada. Los que saben esperar... no dejan de hacer cosas.